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1 de mayo de 2019
Día del Trabajador: Entre Ríos obrero
El grito obrero se extendía por todos los rincones entrerrianos, y explotó a los balazos en la tragedia de Gualeguaychú, hace exactamente 97 años.

Hace tiempo que Entre Ríos está tranquila, modosita. Desde los tiempos de don Ricardo (López Jordán) que no aparece en los diarios. La ola liberal ya la sumó al concierto de las provincias que adhieren al sistema agro-exportador de materias primas que viajan a Europa. Los conservadores mandan, aunque se hagan pasar por radicales. Falta poco para que blanqueen la situación y se atrincheren todos juntos dentro del antipersonalismo.

Hectáreas y hectáreas se cuentan de a miles y pertenecen a unos pocos terratenientes, y la verdad es que no se diferencian si son radicales o demócratas nacionales. Es que ya está todo (des)ocupado, y estos, los hijos de la generación del 80, que paradójicamente promovió la llegada del gringaje, no están dispuestos a renunciar a sus privilegios estancieros. La economía fundamental continúa siendo la misma de siempre: vacas y cereales. Llegaron los inmigrantes a trabajar la tierra, pero ¿qué tierra?, colonias como San José, y Caseros son la excepción, y se remontan a tiempos de Urquiza y Peyret.

Se necesita mano de obra para suplir al gaucho. Se coloca la zanahoria y los inmigrantes van tras ella, pero con estos arrendamientos ¿cómo acceder a la tierra, si apenas alcanza para vivir? El estancamiento es un hecho. Los desocupados se van del campo y los absorben los pueblos, que los transforman en obreros.

A diferencia de Alcorta donde los colonos gritan y reclaman menos alquiler, en Villaguay son los obreros rurales y los dueños de las trilladoras los que piden mejoras. Estancieros y colonos están juntos. Son propietarios, aquellos solo proletarios.

Dos años antes en diciembre de 1919 hubo una huelga de braceros. “Ahora que los agricultores eran víctimas de la huelga de braceros, se puso en evidencia su conservadorismo fundamental. Cuando sus propios intereses estuvieron en juego, los colonos mantuvieron una agitación constante, denunciando con indignación la política del gobierno.

Pero esos mismos agricultores, cuyo apoyo a la reforma agraria no contemplaba por cierto la implantación de una democracia social en el campo, aplaudieron sin retaceos al gobierno cuando este uso la fuerza par terminar con la huelga de los braceros. En Entre Ríos los colonos realizaron mítines y solicitaron al presidente el envío de tropas que garantizaran su ‘derechos a trabajar’, sostiene Solberg.

Por entonces,  La tierra, el órgano de la Federación Agraria, editorializaba: “No frecuentamos los prostíbulos, ni las casas de juego ni las carreras de caballos”, como si hacen esos braceros “degenerados y viciosos”, y como siempre se recurría a inculpar, a los ya a ésta altura clásicos, agitadores y disolventes elementos anarquistas.

En enero de 1921, se produce una nueva huelga de peones y obreros contra los chacareros y los dueños de las máquinas, en la localidad de Villa Domínguez. Hay detenidos por la policía apoyados por miembros de la Liga Patriótica -organizada en la zona desde un año atrás-, como respuesta al atropello el sindicato, junto al Partido Socialista y a la Federación Obrera Comarcal convocan a una concentración.

Hay manifestación en el pueblo, el socialista José Azentoff (o Axentzoff), secretario de la Sociedad de Oficios Varios, es el orador, y su arenga –un brote peligroso- es de cuidado. Se produce un tiroteo entre los trabajadores por un lado y la policía y miembros de la Liga –que eran los mismos- por el otro. Habrá unos 35 heridos y 76 encarcelados, ninguno de ellos liguista. Para el diario La Nación se trató de un “enfrentamiento entre revolucionarios judíos y criollos ordenados, basándose en el hecho de que 18 de los prisioneros eran judíos. Sin embargo la mayoría de los detenidos eran criollos”.

Pocos días después Azentoff es asaltado y apaleado. Los agresores pertenecen –como debe ser- a la Liga Patriótica, ya que su principio primario “consiste en conservar las virtudes inmanentes de la raza, la franqueza, la hidalguía, la bravura, la hospitalidad, no consintiendo que el extranjero y el nativo extranjerizante corrompan el sentido señorial de la civilización Patria”. Pero a pesar de tan floripondio verbo hay un detalle, muchos de sus integrantes son judíos. “Tanto Axentzoff como algunos agresores eran judíos, al igual que el médico policial y vicepresidente de la Brigada de la LPA de Domínguez, que se negó a atender al obrero herido”.

El periódico La Provincia, de Concordia, alertaba que “la judiada se amotina”. El día 17 el diario La Nación sostuvo que el conflicto consistía en “el estallido de una verdadera lucha entre criollos y judíos… al servicio de propagandistas y agitadores profesionales”. La Vanguardia lo acusa de ser “el primero en calificar como ‘lucha de razas’ a los sucesos de Villaguay” en el artículo “Qué corresponsales tienes, Benita”, del día 25. Así también Nicolás Repetto acusó al diputado radical Mouesca “por querer crear en el país una lucha de razas”, cuando el último inculpaba a “un grupo de judíos anarquizantes… que para mal de Entre Ríos se han enquistado en el seno de la provincia”.

Los escrúpulos nacionalistas y xenófobos de la Liga quedan a un lado cuando la propiedad está amenazada, cuando el orden natural estanciero parece resquebrajarse. Tal como sucedió en la Semana Trágica, la derecha judía vuelve a agacharse frente a los judíos pobres. Alguien dirá, con el tiempo, que no hay nada más reaccionario que un burgués asustado. Bueno, esto es parecido y no debe sorprender.

Es más, en 1919, en Buenos Aires se fundó una Brigada Israelita, formada por miembros de la Bolsa de Comercio.

Salomón Resnick, a través de la publicación israelita, Vida Nuestra, en su número de marzo de 1921, imputaba, no sin indignación: “es de notar que entre los causantes del conflicto en Villaguay figuran algunos judíos indignos que por intereses de lucro se han unido a los elementos de la Liga Patriótica para ejercer bajo el amparo de los colores azul y blanco venganzas personales contra determinados correligionarios. Esos señores, como se ve, han prescindido por completo de la solidaridad de raza, para infundir el pánico entre sus hermanos de Entre Ríos, porque así convenía a sus fines de mercaderes y politiqueros. Lástima que ‘los salvadores del orden’ que de tan buen grado admiten la colaboración de extranjeros cuando se trata de apalear a la gente indefensa en nombre de la patria y de la libertad, no quieran reconocer a los socialistas judíos el mismo derecho de solidaridad con sus compañeros criollos en cuestiones ajenas a toda violencia”.

“Tras los incidentes de Villaguay, la Liga recibió, en número creciente, nuevos miembros judíos. En mayo de 1921, 12 de las 30 brigadas de la región de colonización judía tenían oficiales judíos… La Liga había utilizado convenientemente a los judíos como chivos expiatorios durante el episodio; acabado éste, muy provechosamente, la Liga reclutó a estos extranjeros”.

La violencia va en aumento, las manifestaciones obreras son reprimidas, la policía cumple con el benemérito deber de proteger ‘la patria y el orden’. O como señaló La Vanguardia, “coadyuvó con los sicarios de la Liga en persecución de trabajadores torturados, objeto de todo género de vejámenes, y los tenebrosos de las brigadas circulaban por la comisaría local como por su propia casa”.

En una de esas refriegas, el 11 de febrero muere un hijo del senador provincial Alberto Montiel, de quién Aníbal Vásquez sostiene que tuvo “una sobresaliente actuación pública en Villaguay, como que en reiterados períodos lo representó en las dos cámaras legislativas”.

Montiel padre encabezará la Brigada Blanca de su pueblo que llegará a Gualeguaychú el 1º de mayo. “Este señor venía con todo el odio en sus venas, pues su hijo, perteneciente a las filas de la Liga Patriótica, había ido a golpear a los obreros anarquistas en un acto que se llevó a cabo en la ciudad de Villaguay, unas semanas antes, pereciendo éste en la refriega”, cuenta Ateo Alcides Jordán.

“La llamada Liga Patriótica… masacró a dos trabajadores que se encontraban reunidos para dar una conferencia obrera y después de apalearlos a los que quedaron heridos, los liguistas les cortaron las orejas y los bigotes juntamente con los labios… Ni fiscales ni jueces ni el propio tribunal de justicia dijo hasta hoy absolutamente nada. Es que los responsables de los hechos eran grandes hacendados y terratenientes, y hasta ellos no alcanza la espada de la justicia”, comentaba aún en 1927 el periódico Bandera Proletaria. El forista Julio Serebrinsky, tenía que hablar esa tarde, en el acto que pedía la liberación de los detenidos y si bien pudo escapar a las ‘balas de los sicarios’, los liguistas detuvieron el auto que lo llevaba a Concordia, y le propinaron una soberana paliza.

Entrerriano desde los cuatro años y fundador del Centro Socialista de Concordia, llegó Serebrinsky a la concejalía en 1929 y en 1933. Como periodista, editó La Verdad en 1921 y El Socialista en 1925. Más tarde –en 1931- dirigirá El eco popular, y desde su partido impulsará una campaña por la fundación de la Cooperativa Eléctrica de Concordia, de la cual integrará el directorio durante seis años. Este ruso nacido en 1866, morirá en 1980 en La Plata.

Gualeguaychú

La tarea de Manuel Carlés fue descomunal, –tenía tiempo y plata-, llegó a crear cerca de mil brigadas en todo el país –medio centenar en la provincia-, y no sólo con estancieros y latifundistas, también militares y policías se identificaban en sus principios. “A partir de una invitación de la Liga o por propia iniciativa, hacendados, empresarios y dirigentes políticos provinciales dieron origen a nuevas brigadas. En diciembre de 1919, cuando trabajadores de la cosecha iniciaron una huelga, los propietarios respondieron con la organización de brigadas rurales”.

Los peones rurales no tenían muchas alternativas: “un anciano alambrador nos cuenta que él había recibido órdenes de sus patrones de concurrir al acto que la Liga celebro en mayo de 1921 en Gualeguaychú, y que por no haber concurrido fue despedido de su trabajo al día siguiente”.

Si algo tenía muy en claro la Liga era la identificación de sus enemigos: “en primer lugar a anarquistas y sindicalistas revolucionarios, pasando por toda clase de socialistas, hasta llegar a los ‘…indiferentes, anormales, envidiosos y haraganes…’ sin olvidarse de los ‘…inmorales sin Patria, los agitadores sin oficio y los energúmenos sin ideas…” y su emblema de combate “el que no es amigo de la Liga Patriótica es mi enemigo y lo combatiré sin descanso ni cuartel”.

Muy, pero muy en línea con lo que argumentará medio siglo más tarde el capitoste del Proceso, Ibérico Saint Jean: “primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores, después a los simpatizantes, después a los indiferentes, y por último a los tímidos”.

Las celebraciones patrias liguistas si bien correspondían a fechas nacionales como el 25 de mayo o el 9 de julio, no dejaban de lado –al menos en Entre Ríos- el 3 de febrero urquicista, ni tampoco el Pronunciamiento antirosista. Aquel fue un ensayo. Para este último cabía la posibilidad de que los trabajadores también conmemorasen su fecha.

Y ocurrió. Las dos organizaciones pidieron autorización para celebrar el 1º de Mayo. El jefe de policía caviló y decidió autorizar ambos en diferentes horarios La Liga en el hipódromo y la Fora en la plaza Independencia. No tenían por que encontrarse dedujo, por si acaso pondría una pequeña guardia en la plaza.

“Concordia, 2 de mayo.  Secretaría Centro Social de Gualeguaychú comunícame que la Liga Patriótica atropelló ayer manifestación obrera a Mauser y Winchester. Hay 28 heridos y cuatro muertos. Piden garantías. Ruégoles quieran intervenir urgentemente. Manden delegado. Situación grave. Serebrinsky”, telegrafiaba desesperado el concordiense al PS nacional. Tres días después llegaban los diputados Pinedo y Di Tomaso. Mientras el delegado de la Fora, Félix “el Indio” Godoy comunica el mismo día dos, al ministro del interior que “Los trabajadores hemos sido masacrados por la Liga Patriótica ayer… causándonos cuatro muertos y 20 heridos. Hay 5000 hombres liguistas armados en los suburbios. Amenazan incendiar el local de la Federación y tomar la ciudad. La policía es impotente”. No tenían porque encontrarse ¿Qué pasó?

Aquella mañana la Liga Patriótica realizó, como estaba previsto, un desfile por la ciudad. A la brigada local se le habían sumado las de Villaguay, Perdices, Almada, Urdinarrain, Gilbert, Talitas, Aldea San Antonio, Concepción del Uruguay, etc. Eran las diez cuando se inició la marcha encabezada por el Mulato Carlés, Sixto Vela y Luis María Campos Urquiza, que llegaría al hipódromo.

Carlés se vio ante 5000 almas, y más que hablar sobre el Pronunciamiento arremetió contra la Fora esa “forma de parasitismo económico, ya que los descuentos de los sueldos de los obreros van a parar a los bolsillos de los vividores de los sindicatos…”,  menos mal que “los argentinos han formado a su vez una institución para defender la Pureza Moral Argentina”. Y culminó “con el mismo entusiasmo que nuestros abuelos proclamaron en esta tierra de bravos la libertad cívica –Pronunciamiento-, la Liga Patriótica Argentina proclamó la libertad del trabajo en el día de los trabajadores honestos de la República Argentina”.

También habló Eufemio Muñoz al paisanaje : “…yo abro los ojos y miro, y no descubro monstruo mayor entre los de que hablan, que este de la anarquía, cuya sacrílega insolencia se exalta al rojo de sus pendones…”. Culmina su discurso con un imperativo “de el ejemplo y pegue el grito al sacarse los ponchos, que en el otro mundo no hace frío”10¿Serán estas últimas palabras que mezcladas con la excitación y el alcohol libado, en el asado del mediodía, lo que desató el atropello?

Una vez finalizado el acto de la Liga y cuando supuestamente sus componentes se retiraban hacia su procedencia, comenzaría dos horas después el acto obrero. Hete aquí que cuando el primer orador hacía uso de la palabra, sobre un improvisado palco de las mesas del café Apolo, ante unos 1500 trabajadores, los jinetes de la Liga encabezados por Sixto Vela (Gualeguaychú) y Morrogh Bernard (Gilbert) rodearon a la concentración forista desde las esquinas de la plaza.

Uno de los obreros presentes, Ángel Nicolás Jordán narró: “la Fora Gualeguaychú era muy fuerte, la componían panaderos, estibadores, portuarios, conductores de carros, albañiles, pintores, empleados de comercio y otros. Su influencia llegaba hasta Basavilbaso, por ello cuando había un conflicto con estibadores, por ejemplo, se paralizaba toda la salida de la producción de una importante zona de la provincia. Esto molestaba a la oligarquía que ya había apaleado obreros en una asamblea en Villaguay, llegando incluso a marcar a un dirigente socialista de Concordia presente en la asamblea”.

Por su parte, Francisco García -marítimo y socialista-, encabezaba la Federación Obrera Departamental, adherida a la Fora del noveno Congreso, en la que se agrupaban anarquistas, sindicalistas, socialistas e inclusive radicales, no eran tantos en Gualeguaychú, después de todo, como para estar divididos en dos federaciones como si sucedía con los compañeros de Buenos Aires.

Los centauros exigieron que se arríe el pabellón obrero, invocando aquello de ‘ningún sucio trapo rojo reemplazará nuestra bandera celeste y blanca’.

La bandera en cuestión era roja y en un doble círculo blanco se leía ‘Federación Obrera Departamental’ y en ese momento la sostenían Celedonio Iglesias y el Negro Silva, a su lado se encontraban Ángel Jordán y el Indio Godoy. Y si bien era la única “las mujeres acompañaban la marcha luciendo largas polleras rojas y los obreros hacían lo propio con una flor en la solapa”.

La intervención del jefe de policía Lahíte, daba sus frutos intentando convencer a los trabajadores de retirarla, así lo hacían –dicen unos- cuando se escucho un tiro, Ateo Jordán niega que la hayan entregado. Y fue el inicio de la masacre. “Produciéndose con este motivo una verdadera batalla campal. El elemento de la Liga que se hallaba desplegado por la calle Urquiza y San José, penetró en la plaza y el elemento obrero en algunos que resistieron y otros que huían tomó la parte nordeste de la plaza, después se hizo un recio tiroteo en el cual fue difícil calcular el número de disparos pero, pero es indudable que pasaron de centenares”.

No cabe duda que la liga fue responsable del farragoso encuentro, al presentarse provocadoramente en la plaza, aunque sus miembros alegaron que el primer tiro provino de las filas obreras, no parece haber sucedido así: “puedo garantir a S.S. que la totalidad de los obreros no tenía armas por cuanto se detuvo a muchos de ellos y en la requisa no se les encontró absolutamente nada.” En estos términos se lo confirmaba al gobernador Celestino Marcó, el jefe policial Lahíte.

Ateo Jordán, hijo de aquel obrero –fallecido en 1985- protagonista en la plaza relató, 80 años después, una situación que lo marcó, a pesar de no haber estado presente (por razones obvias como se verá) ese día en la plaza: “esa tarde mi padre se defendió como pudo de la Liga Patriótica. De pronto vio como los curas de la iglesia habían facilitado a éstos últimos la torre del campanario para que desde allí tiraran con armas largas contra los trabajadores anarquistas. El recibió dos impactos de bala. Fue tal la indignación que mi padre dijo en voz alta: ‘a mi próximo hijo lo llamaré Ateo’. Y por eso me llamo Ateo y llevo con mucho orgullo ese nombre”.

Hoy, en el cementerio entrerriano, una columna tronchada en la tumba de los caídos recuerda desde una placa, diseñada por el obrero marítimo Ramón Suárez: “yacen aquí los restos de los que en vida fueron: Ángel Silva, Celedonio Iglesias, Lorenzo Timón, Pedro Villarreal. Murieron el 1º de mayo de 1921, luchando por el porvenir en aurora, contra el pasado en ocaso. Sus hermanos de clase, de dolor y de lucha a su memoria”.

Y si bien solo cuatro nombres se encuentran en la placa, los heridos fueron muchísimos, los muertos comprendieron casi la veintena, donde también niños y mujeres obreras fueron alcanzados por las balas de la Liga. A ellos debe sumársele el sargento de policía Urriste que contó con “el reconocimiento de los trabajadores a quien intentó evitar que fueran violentados”.

Después hubo represalias hacia quienes socorrieron a los obreros: farmacéuticos, médicos y abogados. Las ambulancias fueron tiroteadas. Y también hubo impunidad para los Salduna, Vela, Luciano, Garbino, el cura Blasón, los Sobral –hermanos del alférez-, Montiel etc. El mismísimo Morrogh Bernard fue candidato a gobernador en 1933 por el Partido demócrata Nacional. Los obreros memoriosos volanteaban: “Morrogh Bernard no puede ser votado por el porque es matador de obreros”.

Autor: Jorge Vilanoba



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